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El "buen pastor" en la América del 2026

  • Foto del escritor: Raquel Reguera
    Raquel Reguera
  • 23 ene
  • 5 Min. de lectura

Las temperaturas son gélidas estos días en el Midwest americano.

Vivir allí durante 11 años me hizo experimentar ese golpe seco del frío en la piel

y la tos con la primera bocanada de aire.

Pero ni siquiera los -23°C fueron suficientes para detener el calor humano de cientos de ministros del Evangelio que en marcha pacífica decidieron dar la cara por aquellos que no pueden hacerlo.  


Photo: Yahoo news
Photo: Yahoo news

Llevamos varios meses con una escalada de desamparo que no deja indemne a nadie. En los Estados Unidos del 2026, el color de la piel sí importa, aunque incomode reconocerlo. Importa a quien se considera sospechoso, a quien es prescindible, a quien vive con miedo. Y la historia nos advierte que cuando esto ocurre, una antigua sombra vuelve a alargarse.


Aún tengo esperanza, y quiero creer que los matices de soberbia del pasado, que enseñan que unos valen más que otros, quedaron enterrados en el olvido. Pero los siglos avanzan y la condición humana no cambia, dejando al descubierto que el progreso en una frágil quimera.


Liam Ramos, de cinco años, detenido por agentes de ICE en Columbia Heights (Minnesota), en una imagen tomada por un empleado del colegio público donde estudia . Imagenes del Pais..
Liam Ramos, de cinco años, detenido por agentes de ICE en Columbia Heights (Minnesota), en una imagen tomada por un empleado del colegio público donde estudia . Imagenes del Pais..

Hoy, como en otros momentos de la historia, la fe también se mira al espejo. Pero en el contexto del cristianismo americano los reflejos que devuelve son a veces disonantes, incluso antagónicos.

Vemos, por un lado, un cristianismo convertido en escaparate, con una identidad vacía, subordinado y alejado del verdadero corazón de Cristo. Y no hablo de colores ni de siglas, sino de una constante histórica que se repite y que demuestra que, cuando la fe se instrumentaliza, deja de ser testimonio y comienza a justificar al opresor.


El propio Jesús advirtió: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mt 15:8). No se refería a quienes estaban fuera de la fe, sino a un pueblo profundamente religioso, convencido de su fidelidad. En el contexto bíblico, el corazón no es el espacio de la emoción, sino el centro de la persona: el lugar donde se decide la lealtad, la obediencia y el sentido último de la vida.

Cuando ese centro se mantiene lejos del corazón del Padre, la fe puede conservar un lenguaje correcto y, sin embargo, haber perdido su discernimiento moral. Cuando la forma religiosa se impone sobre la compasión, la fe corre el riesgo de convertirse en un lenguaje correcto, pero sin poder ni peso real.


Teólogos contemporáneos como Stanley Hauerwas, nos han advertido que la Iglesia pierde su verdad cuando busca ser aceptada antes que ser fiel. Y estamos comprobando que cuando las creencias se acomodan a un orden establecido y protegen la forma antes que la vida, deja de encarnar los valores que el Evangelio proclama. 





Federal agents carry away a woman after removing her from her car, in Minneapolis, January 13. REUTERS/Tim Evans
Federal agents carry away a woman after removing her from her car, in Minneapolis, January 13. REUTERS/Tim Evans



Minneapolis como lugar teológico


Pero ahora conviene dejar a un lado la reflexión abstracta para centrarnos en lo que ha ocurrido en Minneapolis. Hoy, cientos de corazones que ya no pueden seguir mirando hacia otro lado han hecho que la teología descienda al asfalto. Allí donde un sistema ha sobrepasado los límites de lo humano y de lo solidario,   parte del clero norteamericano ha decidido levantar su voz.

No han salido movidos por consignas ni por estrategia. Han salido porque su llamado no les permitió permanecer al margen. Porque cuando el amor se predica y se vive, la fe no se repliega: se encarna.

Pero aunque el que mira desde fuera, pueda leerlo en clave de ideología o de activismo, lo que aquí se juegan es algo mas elevado: una profunda fidelidad que pone de manifiesto la esencia misma del pastoreo.


Cuando el miedo entra en casa.


Las familias emigrantes no son un concepto abstracto. Son madres que oran con los ojos abiertos por si llaman a la puerta. Padres que se despiden cada mañana para ir al trabajo sin saber si volverán a casa. Y, en silencio, niños que aprenden demasiado pronto lo que significa esconderse.

Y nosotros, los que caminamos con ellos, no estamos desafiando un sistema: estamos cuidando almas y recordando que la iglesia no es un edificio seguro, sino un cuerpo vivo que acompaña cuando el temor aprieta el pecho.


No cabe duda que el acompañamiento pastoral en contextos migratorios no es sencillo, pero  reducirlo a discursos cerrados, sería una traición a la realidad. Como pastores, no podemos negar que existen situaciones irregulares y ni obviar el peso de la leyes. Pero tampoco podemos ignorar que muchas de estas personas han trabajado durante años, han sostenido sectores enteros de la economía y se han integrado en un sistema que, durante mucho tiempo, los ha necesitado y utilizado sin ofrecerles un camino justo y humano, en una nueva versión de exclavitud.

Por lo tanto, nombrar la irregularidad no significa negar la dignidad.  Reconocer una falta no autoriza la deshumanización. El liderazgo cristiano no es solamente predicar desde un púlpito. Es acompañar, orientar y proteger vidas concretas en medio de realidades a veces demasiado complejas.







Imagen extraída de un vídeo de Reuters. Usada con fines informativos
Imagen extraída de un vídeo de Reuters. Usada con fines informativos
Imagen extraída de un vídeo de Reuters. Usada con fines informativos
Imagen extraída de un vídeo de Reuters. Usada con fines informativos

Y ahora llega el turno de dar las gracias.


Gracias a esos pastores y líderes que saben escuchar su corazón y nos han representado a tantos otros que desde la distancia, hemos sentido la carga de su llamado y hemos comprendido,  sin tapujos, el peso de las palabras de Cristo cuando dijo: «El buen pastor da su vida por las ovejas» (Jn 10:11).

No han hablado en nombre propio. Han hablado con su vida, no desde la arrogancia, sino desde la profundidad espiritual de una rodillas hincadas sobre el hielo, vulnerables a los ojos de los hombres,  pero plenamente visibles  ante los ojos de Dios. 


Me gustaría llamarles héroes pero creo que se merecen ser llamados  “ buenos pastores” …  Eso basta. Porque en definitiva encarnar el evangelio entre tanta oleada dispersa y avasalladora es para valientes y siervos que de verdad  entienden de reino. 

En la tradición cristiana, la conciencia no es un sentimiento pasajero. No es impulso ni emoción. Es ese lugar interior, hondo y silencioso, donde la persona responde ante Dios e incluso ante la posible incomprensión del espectador. John Henry Newman lo expresó en una frase sencilla y rotunda: «La conciencia es el primer vicario de Cristo».

Y eso es lo que hoy hemos visto. Hombres y mujeres que han actuado no sólo para ser comprendidos, sino para ser coherentes delante de Aquel que los llamó.


De nuevo Gracias.







Referencias

  • Juan 10:11

  • Mateo 15:8 (cf. Isaías 29:13)

  • Ezequiel 34

  • Mateo 25:35

  • Stanley Hauerwas, Resident Aliens; A Community of Character

  • John Henry Newman, Letter to the Duke of Norfolk

 
 
 

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